
Debo ser de los pocos que vi el debate de la Ley General de Educación en la Sala de la Cámara de Diputados. Masoquista el hombre, porque además jugaba Chile. Y me convencí de dos cosas: primero, que la ideología aún está sobre las evidencias empíricas en muchos honorables (en el completo pasado); la profunda convicción que tienen que "la ley" producirá por arte de magia calidad y buena gestión de la educación.
Leo hoy una columna de la ministra del medio ambiente sobre los niveles de contaminación, y nos entrega como mega analgésico. Cuando exista una superintendencia, se modifiquen las Coremas, etc, etc, todo va a cambiar.
Y no es así. Las leyes son un marco, nos las acciones para que las cosas cambien. Por una ley no vamos a tener mejores profesores, mejores alumnos, mejor gestión de la educación, los incentivos adecuados, etc. Por una mejor institucionalidad no vamos a tener necesariamente mejor aire sin la colaboración de las personas, en sus casas, en el uso del automóvil, chimeneas, etc.