martes, enero 22, 2008

El "aparatik" enchulado

Después de las últimas designaciones, lo que realmente está de moda en el accidentado desfile del segundo tiempo son los partidos, y no los ciudadanos. Y dentro de los partidos, lo verdaderamente relevante no es ni la periferia, ni los votos, ni las personas, ni los más capaces, ni el entorno, ni las bases, ni los emprendedores, y menos los privatizados.

Lo que ahora la lleva es "el aparato" o "aparatik". A veces llamado en otra lengua "machine", el aparatik encarna la simple lógica del ejercicio circunstancial y temporal del poder, endiosada como un fin en sí mismo. Es el gobierno del aparato, por el aparato y para el aparato.

Así es. Y a la casa se fueron los Expansiva y Chile21. Y tarjeta amarilla, además, para el Ministro Velasco, otrora fiel representante de la tecnocracia ilustrada. Vuelven en gloria y majestad los viejos estandartes, y la "aparatikcracia" que creeríamos olvidada y desterrada.

Regresan con tutti el juego corto, el equilibrio interno, el sobajeo al "amigi", el mensaje indirecto y también directo. Regresa en plenitud "il negozio" político. En fin, vemos con preocupación que se instala públicamente la necesidad de cuidado y aceitado al nunca bien ponderado aparato partidario, y altos representantes del viejo orden son ahora Ministros, Subsecretarios, Directores y ejecutivos de empresas del Estado.

La aparatikcracia tiene, eso si, un problema. Varios ciudadanos que son muy capaces no pueden entrar a dar su aporte, porque sencillamente no encajan en la lógica de la machina, y no conforman "il negozio".

No hay invitaciones, sencillamente porque no se aprecia la periferia. Como no estás dentro, no existes: "Aparatik, ergo sum", declara el filósofo del gambeteo, del juego corto y el área chica. Pero no olvidemos que la última elección ganó, en segunda vuelta, Bachelet por exactamente 3.723.019 contra 3.236.394 votos de Piñera. Recordemos además que tenemos un tremendo desgaste porque el gobierno ha tenido graves errores.

Las elecciones se ganan por adhesión y convicción también de la periferia, que aporta más de 500 mil votos, y se cree muy capaz de aportar y dirigir sus destinos. Ignorar a los ciudadanos privilegiando al aparato es riesgoso, mala señal. Con mayor razón ahora, en el segundo tiempo, donde esperábamos mayor innovación, al menos

lunes, enero 07, 2008

Segundo Tiempo, pero con más Newton y el instinto mío



Las tres leyes de Newton son muy viejas. La gravitación universal ha brindando un orden racional enorme a la humanidad, ¡y esto hace más de 300 años¡. La tercera ley de Newton dice que para toda acción hay siempre una reacción opuesta e igual. Al patear una pelota, hay una fuerza que ejerce la patada, pero, al mismo tiempo, se siente la fuerza en dirección contraria en el pie.

¿Que le falta al anunciado e interpretado “segundo tiempo” del gobierno de M. Bachelet? Le falta gobernar con este principio rector, y usar mejor el “instinto mío”.

Hay que darse cuenta, en primer lugar, que tomar cualquier acción impensada, podríamos tendremos de regreso una reacción, en algunos casos, de mayor calibre. Es decir, previo a una decisión hay evaluar y consultar que va a pasar si adopto esa decisión, porque muchas cosas del entorno no las manejan los gobiernos a su antojo.

Algunos ejemplos: El gobierno no propone la renovación de Vitorio Corbo en el Banco Central, y ahora la inflación, ¡que era esperable¡ se la tiene que ingerir enterita la Concertación. Se inicia una ley de subcontratación, y el peor escenario de suministro estaba en Codelco. Y como reacción, tenemos una fuente casi permanente de tremendos conflictos laborales que además se expanden a otras áreas. Y uno más que está incubándose. Se han generado enormes expectativas sobre los beneficios en la reforma previsional. Pero todo esto no va a ser inmediato, y, como reacción, se provocará un gran malestar. Y el mayor ejemplo está a la vista: El Transantiago. Se tomó esa decisión sin tener en cuenta una tremenda reacción (¿o se sabía?). Entonces, para el segundo tiempo, menos voluntarismo y más Newton.

Ahora viene lo complejo, conjugar al viejo Newton con el uso del “instinto mío”, la vocecita que le decía a la Presidenta ¡¡ oiga, no implemente el Transantiago, please¡¡ Y tal vez gobernar con más instinto se pueda transformar una nueva consigna: volvamos a lo básico, al estómago, lo que nos indica la guata, la intuición, la tincada, lo que sea que ayude a tomar un rumbo distinto de lo aconsejado por fallidos colaboradores. Y al diablo con el idealista y mesurado filósofo rey de la República del Platón. Y quizás así descubramos que está pasando, porque hay cosas que no funcionan, y no sólo el instinto sino los porfiados eventos lo están gritando.

Pero gobernar por instinto no es fácil; no se trata de usar cualquier impulso, ni de echar mano al primero disponible en la batería instintiva. Hay que seleccionar el más adecuado, acompañándolo por la astucia, por la mayor apertura, el menor sectarismo, por la confianza en otros que piensan distinto o que estuvieron al frente en otras contiendas, o que hablan directo y saben, por instinto y conocimientos, que cosa verdaderamente está ocurriendo. Quizás así, estemos en presencia de un nuevo paradigma y de un segundo tiempo con esperanza. Porque ¡Líbranos Señor del instinto y reacción de Piñera¡