Cada cierto tiempo se anuncian agendas para provocar cambios al sistema político, o una ley de cuotas, o aumentar el financiamiento a los partidos políticos. Sin embargo, debajo de todo esto hay un asunto que es más de fondo: la mala percepción que tienen los chilenos de la política y de los liderazgos actuales.

En todos los estudios de opinión, sistemáticamente, la gente ha venido desaprobando a la Concertación y la Alianza. Esta última no logra capitalizar el descontento y desgaste del bloque de gobierno. Aún más, cerca del 60% se siente disconforme con ambos bloques, e incluso con sus líderes. La mayoría quiere algo distinto.
¿Qué está pasando? Apuntarle en forma precisa es el desafío, y hay algunos síntomas. En un libro magnífico, el filósofo español Eugenio Trias habla de "La política y su sombra". Hay un lado negro u oscuro en la política que, a juicio del pensador, tiene raíces muy antiguas. La máxima expresión de su tenebrosidad la puso Hobbes, en su intento bien intencionado de evitar la fratricida "Bellum omnium contra omnes" del Leviatán. Esa guerra de unos contra otros quedaría resuelta con un nuevo acuerdo: los seres humanos consolidarán un Estado fuerte y vigilante que evite que "el lobo de sí mismo" que es el hombre termine eliminándose mutuamente, garantizando el Estado su seguridad al imponer su autoridad.
Nefasta es su concepción del hombre -un lobo depredador de su propia especie-. Las guerras y crueldades, lamentablemente, lo amparan. Pero el mayor condimento de esa "bellum" es la desconfianza. Y éstos son días de sombra. La desconfianza parece estar inundando la esfera pública. Parece que nadie dice algo cierto, y si lo dice, caben muchas dudas. El Estado aparece como mal gestor, con incapacidad de resolver problemas y dando malas explicaciones. Se desconfía de su capacidad. La oposición, con una virulencia que causa rechazo público. Se desconfía de sus propósitos.
Todo este escenario de "bellum" provoca que los únicos perdedores sean, finalmente, el prestigio y la buena percepción de las instituciones políticas. Más que cuotas, cuoteo y nuevo financiamiento, renovemos de verdad la actividad pública, démosle un giro, y no pongamos trabas ni formalidades nuevas a una actividad donde la innovación y lo positivo son cada vez más difíciles. Bienvenido cualquier intento.
Ernesto Evans Espiñeira