
Sobre los llamados a modernizar el Estado hay la sensación de cuento repetido. ¿Cuantas veces hemos escuchado que es necesario un Estado más ágil, eficiente, profesional, tecnificado, facilitador, etc? ¿Cuántos libros, documentos, columnas de opinión, circulares sobre el tema? Pero poco ocurre, salvo por la decidida acción de algunos servicios públicos que de verdad han tomado el desafío modernizador con liderazgo y decisión.
Es urgente tener un Estado que haga bien las cosas, y pueda administrar los recursos con eficacia. Y que no ocurran cosas como lo de EFE o lo de las Subvenciones Escolares. Un Estado más transparente a todo nivel, donde tampoco exista corrupción como vemos en algunos municipios. Algunos centros de la Alianza anunciaron sus propuestas para “un Estado mejor para todos”. También algunos parlamentarios presentaron un documento para reformar la política de recursos humanos. Pero en los hechos, vemos más bien señales contradictorias.
La mayor clave es el liderazgo y la disposición de personas adecuadas, como está de moda “aptas” para el cargo. La cara del Estado es su gente. Y también hay que renovar la gente, con nuevas visiones y perspectivas. ¡Pero renovación en serio ¡ ¿Y qué vemos? El viejo síndrome de las sillas musicales galopando al descubierto. Lo más actual. Quien tuvo responsabilidad política en el tema EFE, hoy nombrado flamante vicepresidente de la más reputada empresa pública. El Servicio Civil sigue operando con sesgo político, y se valora poco el aporte de personas que han trabajado sólo en la esfera privada. Siguen las mismas caras, la misma lógica, lo que hace que los equipos técnicos sean poco adecuados. Las malas señales terminan por hacer de este esfuerzo país algo muy poco creíble. Ojala esta vez tengamos más cambios que textos.
