
Mucha tinta ha vertido el debate que ha tenido la propuesta del ejecutivo de darles a los Partidos Políticos, en épocas no electorales, UF 0,025 por voto obtenido en las últimas elecciones. Haciendo la suma, según los votos país por partidos en la última elección de diputados (http://www.elecciones.gov.cl), a cada partido le correspondería anualmente: PR $116.776.161; PPD $ 508.952.551; Partido Socialista $331.763.911; PDC $685.216.237; UDI $737.913.602 y RN $466.187.689. En total, sin sumar el PC, la propuesta del Gobierno suma $2.846.810.152 anual. Lo anterior ayuda a los Partidos a subsistir, pero tengamos claro que no es una suma sideral. ¡ Es la octava parte del presupuesto anual de una Municipalidad mediana, de 150 mil habitantes!
Parece no ser, entonces, un problema de recursos. Y parece lógico, además, que los partidos obtengan recursos de forma proporcional a los votos, porque es una medida de éxito y aceptación respecto de los candidatos y propuestas que presentan. Y es una medida que podría, además, eliminar la asimetría en la consecución de dineros por parte de los distintos partidos. Pero puede poner en riesgo los pactos por exclusión, toda vez que a menos candidatos bajan las posibilidades de obtener más votos.
No debería extrañar esta propuesta porque en varios países del mundo los Partidos tienen financiamiento para cubrir los gastos para su funcionamiento permanente. Sin embargo, el mayor problema, para él éxito de este proyecto, es la mala percepción que existe de los Partidos Políticos. Y, “perception is reality” dicen sabiamente los gringos. Porque si la percepción ciudadana fuera positiva o muy positiva, es muy racional contar con un mecanismo transparente de recursos. Hay una mala valorización del Parlamento y los Partidos según estudios, además que la mayoría (un 82%) se opone al financiamiento de los partidos.
Hay necesidad de apertura y renovación de los partidos, porque, entre otras cosas, mucha gente piensa que la Democracia funciona mal. No se ve autocrítica. Luego, es muy difícil convencer a la gente que hay que asignar recursos a una actividad que no tiene buena valorización, aunque sea muy necesaria. Sin embargo, son recursos bastante adecuados para la sobrevivencia de organizaciones básicas para la democracia, donde el juicio ciudadano está fundamentalmente en el sufragio.