Como el viaje a Machu Pichu son varias horas, tome un libro sobre el Imperio Inca, aunque la autora niega que de verdad hubiera sido un imperio, sino más bien cuatro zonas muy bien organizadas, con alto nivel de arquitectura, construcciones, arte y buenos recursos, sobre todo agrícolas.
Hay muchas leyendas sobre la formación de este notable pueblo andino, como la que relata que sus fundadores Manco Capac y su hija Mama Ocllo fueron enviados por el Inti, padre el Sol, porque vio con piedad el estado lamentable en que vivían los hombres. ¿Les suena conocido?
Pero les quiero contar una leyenda totalmente apócrifa, dudosa, la que escuché creo con algunos piscos solos que tome, a varios metros de altura. Se trata de un Curaca, o Señor (jefe del ayllu, la unidad básica de la organización social Inca) que tenía tierras y varias gente a cargo, a quien el Sapac Inca (el jefe máximo) le ordenó juntarse con su hija, dado que lo tenía en alta estima.
Pero al Curaca en cuestión recibió la visita de la Diosa de la Luna, la Mama Quilla, quien le comunicó que lo escogió para ser amante de su hija, o más bien de ella, porque hija y madre eran la unidad del astro divino con la encarnación humana, de la belleza blanca con la sensualidad de la mujer.
Lo escogió para darle la felicidad de la piel, del amor cariñoso, del tacto del amante, porque la necesitaba, y vio en el Curaca tanto deseo, tanta ternura, potencia y también humildad sincera. El la unión se concretaría en luna llena.
Se entregó el Señor con toda su voluntad y el mayor deseo amoroso. Fue tanto que durante la luna llena su cara se reflejaba nítidamente en el lado claro, con tanta claridad que los sabios, astrónomos y habitantes quedaron atónitos. Fue, según dicen, el primer eclipse de amor, el solapamiento carnal andino de la esfera blanca y perfecta con el cuerpo cambiante y generoso del Señor Curaca.
Se entregó sin medir que el gran Inca, soberano de las cuatro regiones se enteró, y lleno de rencor, no tanto por la ofensa contra su hija, sino por la profunda envidia que tuvo que la madre luna no lo hubiera escogido. Poco se sabe del destino del Curaca, pero al menos es leyenda. Lo que queda al final, bien al final, es eso; o se vive con la intensidad del Señor Curaca o se sigue al Sapac Inca. Aunque muy pocas veces, quizás sólo una vez en la vida, nos visita la Mama Quilla, ¿o no?



