
Las Hetairas o Heteras eran damas de compañía en la antigua Grecia. Acompañaban, eso si, a filósofos como Sócrates o Anaxágoras, a artistas, militares o políticos como Pericles. Ejercían también la prostitución. Muchas de ellas eran antiguas esclavas o sencillamente extranjeras. Tenían gran destreza para la danza y la música. Muchas eran hermosas, inteligentes, cultas e incluso ejercieron influencia política como Aspasia.
Aspasia, quien fuera compañera por mucho tiempo del político ateniense Pericles (se convirtió en la amante de Pericles a comienzos de la década de 440 a. C., aunque su estado marital se discute), fue, según se dice, una hetera que tenía la libertad y el poder de participar en la vida pública, llegando a ser gran oradora.
Su casa se convirtió en un círculo intelectual de Atenas, que atrajo a prominentes escritores y pensadores, entre los que se incluía a Platón. Dicen que este filósofo se impresionó por su inteligencia y que basó en ella para crear el personaje “Diotima” de su obra El Banquete (ver post anterior ), una mujer sabia que le contó a Sócrates que cosa era el Amor.
Al contrario de muchas mujeres griegas, las Heteras recibían educación. Eran independientes y pagaban impuestos. Podían participar en los Simposios, banquetes o charlas, y sus opiniones eran respetadas.
Para muchos existen similitudes entre las heteras griegas y las geishas japonesas, las que recibían una fuerte instrucción desde niñas. Hace tiempo leí un libro (el País de Nieve) del malogrado Nobel de literatura Yasunari Kawabata sobre una Geisha enamorada y reflexiva, donde se relataba su vida de dama de compañía, sus habilidades y también soledad.
Alguien me dijo que de no haber nacido (es mujer, por cierto) en estos tiempos de mayor libertad e integración femenina, le hubiera gustado ser Cortesana porque podían estudiar y participar en discusiones, cosa que el resto de las mujeres no podía hacer por aquellos tiempos.
Al parecer detrás de actividades antiquísimas como la ejercida por las damas de compañía, se generó mucha actividad intelectual. Que artistas y pensadores hubieran recurrido a la sensual compañía femenina para dar mayor fuelle al logos o razonamiento. Al parecer el “Logos” y el “Eros” (el Dios responsable de la atracción sexual) confluyen y se potencian mejor en algunos sitios, para producir inspiración y creación humana.