
Hace tiempo escribí un post titulado “el tiempo se contrae en el cariño”, donde aludí a una obsesión,- a estas alturas “de Juventud”-, sobre el tiempo. Me maravillaba con la idea de “La Relatividad”, que postula que si alguien pudiera viajar a la velocidad de la Luz, ocurriría que su tiempo se detendría y su espacio se contraería.
Ponía el ejemplo del ”mesón”, (del ABC de la RELATIVIDAD), partícula atómica que cuando va estrellarse en la atmósfera más tarda en desintegrarse. O sea, si esa partícula atómica va a la velocidad de la luz, su tiempo de desintegración se detiene; eso si lo observamos desde la tierra. O sea, no hay un mismo tiempo, único y absoluto. Decía que este es un fenómeno aceptado y comprobado por la física atómica.
Pero le hice un giro al asunto, porque me había enterado que esto ocurre cuando dos personas comienzan a gustarse y a compartir una atmósfera amorosa. Dentro de ese medio ambiente virtuoso, -digamos en la ejecución misma- el tiempo de la pareja se contrae.
Digamos algo sobre el tiempo. Es la magnitud física que mide la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio. Su unidad básica en el Sistema Internacional es el segundo. Esta es la definición actual.
En la mecánica clásica, el tiempo se concibe como una magnitud absoluta, es decir, es un escalar cuya medida es idéntica para todos los observadores (una magnitud relativa es aquella cuyo valor depende del observador concreto). Esta concepción del tiempo recibe el nombre de tiempo absoluto.
Para otros el Tiempo no es más que una ilusión, una abstracción. No existe, sino como condición de la sensibilidad, diría Kant. Pero desde Einstein, la medida del transcurso tiempo depende del sistema de referencia donde estemos situados como observador, y de su estado de movimiento; es decir, diferentes observadores miden diferentes tiempos transcurridos entre dos eventos causalmente conectados. No es absoluto, es relativo al punto de vista del observador.
La ecuación es simple. Si la persona va en un sistema de referencia a una velocidad alta, cercana a la de la luz (300 mil km /seg), el tiempo se divide en 0 (t/0): se detiene.
Se piensa que lo que hace relativo al tiempo es el “estado de movimiento”. Pero tengo una tesis nueva: también lo es la intensidad del “el estado amoroso”. Si señor, no hay que viajar a peligrosas ingentes velocidades para experimentar la contracción temporal, sino entregarse con todo al espacio intimo del amor para vivirla.
En mi post anterior decía que para una pareja en “estado amoroso”, la atracción de sus pieles va generando una fuerza cada vez mayor, de colisión inminente, labio a labio, mano a mano, cuerpo a cuerpo. Sobre todo a medida que los milímetros ente uno y otro dejan de existir, la palma posada en la espalda tibia con el beso rico e intenso. En todo eso se contrae el tiempo, se para el reloj, sin necesidad de una reacción atómica.
Si alguien conoce algún matemático onda Konrad Lorentz dispuesto a jugársela(el creador de las ecuaciones de la Relatividad), me avisa.