miércoles, abril 29, 2009

El amor en los tiempos de la Influenza Porcina


A veces me parece absurdo seguir con esto del amor. Si la gente muere y está asustadísima con la Influenza Porcina. En el New York Times, acaban de decir que el virus está en nueve países. Y está en fase 6 (alto). En N.Y. hay más de 40 casos confirmados del “Swine Flu”, y yo, majaderamente, sigo con esto.

Será porque en gracia y desgracias de la humanidad, siempre es un tema para los hombres y mujeres.

Ayer me desvelé. Si, eso que el día fue decidor. Entre, creo, en la vereda recta de una promesa para mí mismo. Y no me importa el resultado. Se que puedo aferrarme a un anhelo, y ser respetuoso y obstinado en esa línea.

O sea, no importa que pueda pasar mañana, debo jugármela. Puede que resulte, puede que no. Puede que al final pierda, puede, incluso, que sufra un poco. Pero por una vez, ser fiel a algo incierto que me tiene motivado a piso.

El amor vive en un dominio de incertidumbre. No sólo el amor por alguien, también el amor a una comunidad, a un equipo de personas. Por su naturaleza EUDAIMONICA (Según Aristóteles, el fin o bien último que persigue el hombre es la eudaimonía o sea, felicidad, entendida como plenitud de ser), el amor parece alojar en un límite difuso entre lo concreto del día a día, y lo divino. Yace ahí en acto, como un espíritu guardial bueno, que sutilmente va amoldando y amalgamando dos o más almas que prefieren estar juntas que separadas.

Mañana les cuento a tesis de mi filósofo de cabecera. Salud a todos¡¡¡ (tengo asma)