lunes, abril 27, 2009

Historia de trasnoche


Me llegó una historia muy bonita. Y a pesar del drama de la influenza porcina y las vidas que está costando, la escribo.
Ahí va:
<< El sábado hablamos del “amor”. Si, eran cuatro los convocados al mini banquete, donde, poco a se fue creando una atmósfera con olorcito a intimidad. Se encendió el ambiente. Ella habló del amor de la pareja; él, del amor de sus hijos. Del amor que abre posibilidades, del amor que nos hace sentir como niños chicos; también del que es posesivo.
Alguien contó que había escuchado una historia que hablaba que el amor era el fruto de una gran jarana con mucha comida y tragos. Una farra, pero de Dioses griegos. Una mendiga se había presentado al banquete de colada, y Poro, el Dios de la abundancia, totalmente ebrio le hizo el amor. Y nació así el amor, hijo de la miseria, pero fecundado por la abundancia; mixtura de una mortal y un inmortal. >>


Me acordé de un Post viejo donde escribí sobre esa historia, y porque el amor “a veces es pobre, andrajoso, escuálido, pero en otras circunstancias sale a cazar y llega con un banquete espléndido. Por su misma naturaleza no es ni inmortal ni mortal, a veces muere y a veces florece. Aparece y se oculta. Por su naturaleza se encuentra entre la sabiduría y la ignorancia, es razón y pasión, locura y mesura”.

Siento ahora, -después de algún tiempo dando tumbos-, que no sólo tiene esta dimensión dual por su origen (abundante y pobre), sino además porque hay una fusión, cuando llega el momento, de dos almas tratando de encontrarse; de dos almas intentando una amalgama común, con gestos de delicadeza y acercamiento.

Al principio tímidas, pero decididas. En iguales partes hay miedo y hay entusiasmo por darse uno al otro sin conocerse demasiado. Al final también, hay un proyectarse en la diferencia más absoluta. Parece que el amor vive entremedio de lo absoluto, abstracto, y lo terrenal y carnal. Hace de pegamento, que a ratos hace sentir enorme, casi inmortal, rebasando energía. ¡Salud por eso¡