
Algunos artistas que llegan al estrellato tienen cosas en común. y en distintas épocas. Hoy escuchaba un programa donde se decía que el papá de Michael Jackson le pegaba, que lo pasó bien mal de niño. Eso como atenuante ante los delitos de pedofilia que se le imputaban. Jackson fue el menor de 9 hermanos, y el padre,- un obrero ex boxeador-, teniendo él solo 5 años, lo hacían cantar. Al parecer lo pasó mal por esa explotación artística. Además, muy temprano llegaron los éxitos y la fama. Los “jackson five”, y el pequeño del grupo destacó y, según se dice, no pudo disfrutar de una niñez como el resto de los niños. Las cámaras, aparato implacable y destructor de cualquier intimidad, lo seguirían hasta el fin de sus días.
Farinelli fue otro caso. Ese era el sobrenombre por el que era conocido Carlo Boschi, cantante “castrato” que fue uno de los más famosos del siglo xviii. No sólo cantaba, componía, tocaba instrumentos. Era muy talentoso, como Jackson. Se paseaba por Europa dando conciertos. Vean como deslumbró a Haendel con el Farinelli lascia ch'io pianga. En el mismo video aparece melancólico el hermano que, cuando era niño, ¡¡lo castró¡¡ para que siguiera cantando con ese virtuosismo de soprano-hombre. ¿Brutal no?
Uno golpeado por el padre; el otro castrado por el hermano. Uno y otro fueron estrellas, reyes del disfraz, virtuosos de la moda, excéntricos, deslumbrantes. Uno y otro fueron hijos de un dolor físico, emocional o brutal.
Esta relación se me ocurrió mientras veía el atardecer en Viña. Era la hora malva. Así decía mi abuelo, la hora rosa con negro. Me dijo alguien que aparecía, a esa hora, el rayo rosa. El tercer rayo, el que completa la trinidad: el rayo azul, es el padre, que imparte voluntad y poder; El rayo dorado es el hijo, representa la sabiduría. Y el rayo rosa, es el espíritu santo, representa el amor, el rayo que restaura toda imperfección, lo que el hombre busca, el amor divino y trascendente.
Tal vez sea la hora de olvidarse de la imperfección que vemos en los otros, y pensar si a través de su arte buscaron aquello que los conectara con ese amor que no tuvieron de niños. Van a existir más y más como Farinelli y Jackson en el mundo. Más personas talentosas, extraordinarias, famosas; con una vida llena de luz y también sombra.